Y ya por fin llegamos a las dos últimas parejas de nuestro ejercicio.
El Ermitaño, carta número 9 y el Colgado, carta número 12.
Dos maneras de ir al encuentro de uno mismo. El Ermitaño, busca, lee, se aísla del mundo y tiene como meta encontrar aquello que de sentido a la vida. Se ilumina con un pequeño farol alimentado por los conocimientos que ha adquirido y va adquiriendo; le sigue su sombra, incansable, que no puede dejar atrás.
El Colgado, ya no hace esfuerzos; ha luchado, pero ha decidido rendirse y es en ese momento de tirar la toalla, cuando el Espíritu puede enviar su luz e iluminar la cabeza tan cercana a la tierra. Esta proximidad nos ha de indicar que aunque entre en éxtasis, la vida es aquí y ahora.
Las dos cartas simbolizan dos formas distintas de ponerse en camino, lentamente o a la brava, pero ya nada será lo mismo. Después de la carta del Colgado, la vida tomará otro aire, a veces a pesar de las tentaciones y a pensar que no ha ocurrido nada.
Y las dos cartas centrales, el corazón del tarot : la Rueda de la fortuna, carta número 10 y La Fuerza, carta número 11.
Todo acaba y todo comienza. Con la Rueda, carta de movimiento por excelencia, el cohete ha empezado a coger altura después de un tiempo en preparación. La fuerza del cohete vendrá suministrada por la carta 11, con todas las energías creativas latentes, pero ya despiertas.
Sin la Rueda, la Fuerza no sabría donde aplicar su energía, pero ahora está a su disposición, las dos cartas interactúan en profundidad.
En una lectura, la posición de la carta de la Rueda es sumamente importante. A partir de su aparición, las energías empiezan a moverse en un sentido distinto.
y hasta aquí estos seis comentarios a los arcanos vistos en progresión.

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