Cuando un alumno se apunta a un curso de Tarot evolutivo ha de superar tres obstáculos.
El primer obstáculo es conocer al maestro, que hasta este momento ha sido un desconocido. El segundo es que se establezca una relación lo suficientemente fluida para que el maestro pueda empezar a conocer al alumno, su forma de ser, la educación que ha recibido, lo que oculta o intenta ocultar. Finalmente, el tercer obstáculo es sentir tal respeto hacia las cartas que incluso a veces hay temor a tocarlas como si desprendiesen una vibración especial o incluso maléfica, por el hecho de ser desconocidas.
El tiempo ayudará a vencer los dos primeros obstáculos. Pero el respeto a las cartas, que es el tercero, no desaparece fácilmente. Se tarda mucho más en conocer el simbolismo de esos cartoncitos que el que se necesita para que maestro y alumno se unan en una relación que dará paso a una amistad duradera en la mayoría de los casos.
Este texto está especialmente dirigido a aquellos alumnos que empiezan un curso de Tarot con ilusión; quiero ayudarles a salvar el tercer obstáculo de una manera fácil, usando la imaginación y despertando su intuición, que a fin de cuentas es la herramienta de un buen tarotista.
Para comenzar vamos a separar a seis hombres y a seis mujeres de entre los 22 arcanos mayores, para así preparar las parejas que iniciarán el baile.
Cuando el alumno tenga delante suyo los cartoncitos con las figuras en ellos representadas, ha de dejar fluir la imaginación y ver los arquetipos que representan. Un arquetipo es un modelo, una idea primigenia que se tiene en el inconsciente. Así, por poner un ejemplo fácil, cuando decimos Emperador y vemos el arcano 4, lo identificamos sin duda alguna.
Los arcanos que vamos a separar son los siguientes:
El Mago, El Emperador, El Papa, El Carro, El Ermitaño y el Sol.
La Papisa, La Emperatriz, La Fuerza, La Justicia, La Estrella y La Luna.
Vamos a formar parejas para iniciar el baile.

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