Efectivamente, El Diablo nunca aparece con esta imagen en nuestra vida porque su máxima habilidad es hacer ver que no existe. Por esto en la carta está detrás de la pareja que encadenados a su pedestal, viven pensando que no hay otra alternativa, cuando en realidad si quisieran podrían deshacerse de las cadenas. Y es que nos auto engañamos con mucha facilidad mientras el Diablo sonríe satisfecho.
De hecho, de los tres trabajos sobre nuestra consciencia, este es el más sencillo de llevar a cabo. Nuestras inseguridades, disfrazadas de prudencia, nuestros miedos, disfrazados de ansiedades, nuestras salidas de tono, disfrazadas de autenticidad etc etc son facilmente reconocibles en este momento de nuestro crecimiento.
Cuando la carta aparece en una lectura, como mínimo estamos molestos y como máximo muy enfadados con el mundo que nos trata mal. Pero en realidad con quien realmente estamos molestos o enfadados es con nosotros mismos, porque en nuestro interior sabemos que nos estamos traicionando, que nos estamos separando de quien realmente somos. Esta es la máxima habilidad del personaje, separarnos de nuestra autenticidad, quiere llevar el control de una forma sutil, mientras nosotros pensamos que mantenemos la situación dentro de sus límites.
Siempre es preferible despertar y darse cuenta de la manera con que nos tiene bien cogidos. Si somos nosotros mismos los que nos sacamos las cadenas, la carta siguiente no nos cogerá tanto por sorpresa, porque saldremos de la Torre por nuestro propio pie, no expulsados y cabeza abajo.
La carta de la Torre, a pesar de su apariencia de desastre vital, en realidad es una carta de alegría y sobre todo de libertad.
Hemos salido de una cárcel.

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