En el Tarot nada es lo que parece 11

Y después de la Rueda, del cambio necesario para ir creciendo, nos encontramos con una mujer sentada en su trono entre dos columnas y que nos mira insistentemente. Intenta decirnos que estamos donde estamos porque es aquí a donde nos han llevado nuestras decisiones.

No podemos culpar a nadie de la situación, si es que no es de nuestro agrado. Es más, con una espada nos indica que hemos de cortar el cordón que nos une a la costumbre de atribuir a los demás, a la familia, al sistema, a la sociedad etc etc de nuestros errores. Pero de la misma forma que nos considera autores de nuestra situación actual, también confirmará en una lectura que las cosas se están haciendo bien. Es una carta afirmativa y su aparición da esperanzas de estar en el buen camino.

Pero llegado a este punto del crecimiento de la consciencia, cuyo simbolismo en las cartas es lo que estamos estudiando, empezamos a vislumbrar que la vida no es exactamente como pensábamos. Que no se puede ir tomando decisiones a tontas y a locas sin pensar en las consecuencias y nos quedamos literalmente colgados .

Qué gran momento de crecimiento representa esta carta. El consultante se siente tan identificado con ella que no percibe el detalle importantísimo: al Colgarse cabeza abajo ha sucedido algo extraordinario: nuestro inconsciente se ha despertado por primera vez.

Para la consciencia es un pequeño gran paso. Ya nada volverá a ser igual; se tiene consciencia de que hay algo más que el mundo de los sentidos y lo que intuimos como realidad. A partir de este momento se empieza el verdadero camino o proceso de crecimiento y si las cosas siguen como es debido, la primera decisión será advertir de que hay muchas cosas, personas, circunstancias que ahora ya no nos han de acompañar. Ya no es su momento.

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