En el Tarot nada es lo que parece 4

La Papisa sentada rígida en su trono nos cierra el paso a su espacio : el inconsciente. Es una mujer sabia y sabe que en este momento del crecimiento de la consciencia, nuestro trabajo es moldear una personalidad para desenvolvernos en este mundo. Ya es tarea compleja y que requiere atención y dedicación, actitudes que no son frecuentes en la juventud, sea de una consciencia sea de un ser humano. Querer entrar en el inconsciente es un peligro por su profundidad y como Teseo, es fácil perderse si no se encuentra una Ariadna que nos brinda ayuda.

La Papisa es una carta de recepción, de recogimiento sobre uno mismo, es un darle vueltas a una circunstancia, a un momento, a un proyecto, es pasividad trabajada, atenta. La idea que la carta anterior era recibida por el Mago, ahora debe procesarse y es la Papisa la encargada de la tarea.

Una vez este paso queda superado, la Emperatriz nos acogerá en plena naturaleza, no en un trono sino en un banco de un jardín, cómodamente instalada sobre almohadones. Atrás queda la rigidez de la Papisa, ahora todo fluye y hemos dejado atrás la pasividad. Si la Papisa no era fértil, la Emperatriz, al contrario, dará a luz proyectos, reuniones, ocasiones de compartir su creatividad. La carta de la Emperatriz, el número tres, lleva integrados las dos primeras. Del 1, el Mago, el potencial de la acción, la luz de la idea y del número 2, la Papisa, la intuición, la memoria, la receptividad. Con estas cualidades, la consciencia simbolizada como Emperatriz será imbatible.

Pero, todo este proceso alguien lo ha de llevar a cabo materialmente, alguien ha de cubrir los gastos y quién va a ser sino el Emperador, buen gestor y con autoridad.

Y con las cuatro primeras cartas empezaremos la próxima entrada.

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