En una consulta, si aparece la carta del Loco, nos advierte que el consultante está actuando desde su esencia, desde su » si mismo» y de esta forma puede potenciar las cartas hacia donde se dirige su caminar. Si usamos el tarot Rider, será hacia su izquierda, si usamos Marsella, será hacia su derecha. El Loco no es tal loco, aunque a los demás pueda parecerlo, es la energía del alma del consultante en movimiento. Porque el Loco tiene muy presente de donde procede esta energía y confía en su talento, adecuado para desempeñar su vocación. Las circunstancias en las que se encontrará serán las idóneas para llevar a cabo su trabajo. La vida es una escuela; cada día se aprende si se está despierto y se sabe intuir porqué sucede cada cosa. Las dificultades y lo que muchas veces se interpreta como una desgracia, con el paso del tiempo adquieren su sentido, pero somos tan limitados que sólo vemos cada escena aislada de las demás, sin sentirnos integrados en todo el proceso del crecimiento.
Y que herramientas se le dan al Loco para empezar?
Una consciencia y un inconsciente, la carta del Mago y la de la Papisa. El Mago es la luz que ilumina cada idea, si el Loco era el motor, el Mago es el encendido, la chispa que desencadena todo el proceso. Pero, si nos fijamos en su postura, es muy consciente de donde procede la energía que encenderá la idea. Su brazo levantado con intención de alcanzar su fuente y el opuesto señalando la tierra, ya nos dice que estará dispuesto a trabajar aquí, en la materia. Lo invisible se ha de hacer visible: espiritualizar la materia y materializar el espíritu.
En el Mago, todo está en potencia, pero aún no ha adquirido experiencia. La consciencia es inmadura, pero con todo su potencial. Y que pasa con el inconsciente?
Ahí, la Papisa nos cierra el paso. Quizá nos advierte de que aún no es el momento?

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