En el tarot nada es lo que parece

Vamos a estudiar las cartas únicamente como símbolos del crecimiento de la consciencia. Los demás símbolos, que no son pocos, ya han sido estudiados en otros textos de este mismo blog.

Llama la atención que el Loco no lleva número y las restantes cartas, si. De esta manera se nos indica que el Loco es testigo de este crecimiento y que la numeración creciente lleva implícita la integración del número anterior. Se supone que al ir avanzando en la numeración , las cualidades de la carta anterior han sido asumidas e integradas en la consciencia.

Esquemáticamente y dejando al Loco, podemos establecer tres hileras de siete cartas cada una.

En las primeras siete, y resumiendo mucho, la consciencia recién adquirida se dedicará única y exclusivamente a la formación de una personalidad y de un ego, nada más.

En la segunda hilera, la consciencia habrá profundizado y encontrará las herramientas para entender en qué consiste esto que llaman VIDA, en las cartas del Ermitaño, La Rueda y La Justicia.

No será hasta alcanzar la tercera hilera, a partir de la carta 15, el Diablo, cuando la consciencia será capaz de empezar el trabajo sobre sí misma.

Tres cartas nos hablan de este trabajo: el Diablo, La Torre y La Luna. Si se lleva a cabo, la meta está ahí mismo, con la carta del Mundo.

EL Loco somos cada uno de nosotros cuando empieza la aventura. Dos cualidades básicas: la confianza y la trasparencia.

Confianza en quien ha enviado y en él mismo y transparencia : ser como un espejo, que refleja todo pero nada permanece.

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