La flecha lleva en su parte posterior unas plumas o una pieza similar que actúan de timón y sirven para que la flecha no pierda la dirección deseada. En la vida estas plumas podrían simbolizar las intuiciones que tenemos de que nos mantenemos en el camino adecuado en este momento.
Y es justamente el momento en que los padres, con mas experiencia y madurez se encuentran con el dilema de dejar que el joven siga su intuición o bien impedir que caiga en el precipicio o sea que aprenda del error o de buenas maneras sugerirle un cambio. Pueden hacer de timón para no perder el rumbo o limitarse a observar.
Uno se hace mayor o viejo directamente cuando empiezas a preocuparte de forma obsesiva por el dinero, el retiro, la jubilación, la salud, la soledad o la memoria. Se intuye que hay cosas y objetos que ya no han de acompañarte porque cargan en demasía la mochila que llevas.
El deterioro físico se va acelerando a partir de los 70, pero puede ser que aquel individuo que ha encontrado la actividad que da sentido a su vida, se encuentre lleno de energía e ilusión. Una sana actitud mental puede convertir un saco de lamentos en un instrumento bien afinado.
La flecha hace una trayectoria como la del sol, astro que empieza como pidiendo disculpas por hacer desaparecer la noche, pero a medida que va cogiendo empuje y brilla en su momento álgido, nadie se atreve a llevar la contraria. Con el paso de las horas, vemos que se acerca al lugar por el que desaparecerá y sin dramas, lo perdemos de vista. En invierno este recorrido es corto, como aquellas personas que siempre van con prisa y quieren que las cosas ya hayan pasado y nunca viven el presente, siempre en el mañana.
Nosotros, como la flecha y el sol, deberíamos ir bajando lentamente, casi como sin quererlo y de una forma natural. Encontrar la vida tan interesante que fuera alargando y alargando su recorrido e incluso apoyarse en un bastón para que la caída final no fuera tan dura.
Y una vez en tierra, mirar atrás y estar orgullosos de su recorrido. La vida es una preparación para morir, porque la flecha ya sabe que no puede estar siempre en el aire. Los sabios son los que aprenden a morir en vida y si no sabes como morir, te has perdido todo el significado de la vida, que es una preparación, un entrenamiento para el momento glorioso del adiós.

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