El arco de crecimiento 5

En la adolescencia, los cambios corporales y de personalidad, intelectualmente, emotivamente, afectivamente están a la orden del día. Se puede decir que no hay día sin una crisis y todo se empieza a cuestionar; el joven se puede convertir en un apasionado idealista, un defensor de la justicia o un revolucionario dispuesto a poner al mundo al revés. Es un momento difícil para el joven y sus familiares, que seguramente también están experimentando su crecimiento, que es la trayectoria de la flecha.

El desarrollo físico se completa más o menos alrededor de los veinte años o sea entre la adolescencia tardía y la primera edad adulta. El cuerpo está vibrante y con plena capacidad de reproducirse biológicamente y con fuerza para enfrentarse al mundo y a sus problemas y peligros. Físicamente se llega a la plenitud en este momento, aunque los músculos se pueden ir desarrollando y las habilidades físicas se pueden ir perfeccionando y puliendo.

La edad adulta se sitúa generalmente entre los 25 y los 45 años. Supone la madurez en todas las facetas de la personalidad : inteligencia, sociabilidad, profesión, matrimonio etc.

En este momento la flecha estaría en su máxima altura.

Después de la mitad de la treintena, la función corporal puede empezar a declinar y a deteriorarse. Se ha de conservar y proteger el propio cuerpo y tener cuidado de no pasarse en los esfuerzos porque se corre el riesgo de dañarlo sin recuperación. Uno se empieza a dar cuenta de que ya no tiene veinte años y una noche sin dormir o un malestar estomacal deja secuelas.

A medida que se entra en la mitad de la vida, los cambios físicos y el deterioro que va apareciendo no son bienvenidos y pueden ocasionar una cierta ansiedad. Las arrugas, el vientre flojo, los pechos caídos, los dolores en las articulaciones se convierten en recordatorios cotidianos de nuestra mortal condición.

Es también en este período alrededor de los 45 cuando puede empezar a surgir una demanda interna de aclaración.

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