El arco de crecimiento 3

Vamos a estudiar las etapas de este crecimiento.

Cuando la flecha abandona el arco lleva consigo una consciencia que a medida que el cuerpo va creciendo, va madurando junto con la capacidad de aprendizaje. Tanto el yo personalidad como el Yo esencia van desarrollándose en fuerza y capacidad.

En la primera infancia, desde el nacimiento hasta los siete años, el niño es sumamente egocéntrico y podemos decir que el desarrollo humano se puede considerar como una disminución progresiva de este egocentrismo. La personalidad es un germen en el niño que se irá desarrollando a través de y en la vida. Pero no hay personalidad que no se manifieste sin determinación y maduración. El yo va aprendiendo a manipular su entorno de una forma natural y espontánea para asegurarse la supervivencia en la cultura dominante y conseguir beneficios personales. Se empieza a desarrollar una personalidad. Si todo sale bien, el individuo conseguirá liberarse de las dependencias de su familia de origen. Cómo se consigue esto y qué aspecto concreto tendrá depende en gran medida de la familia, del nivel de extracción social y del momento histórico en que nace el individuo. Pero toda cultura espera y exige del joven individuo la adaptación y el desarrollo del yo tanto interno como externo.

Entre los tres y los cinco años habrá un período de resistencia en el que el niño querrá reafirmar su personalidad enfrente de los demás. Las rabietas, las obstinaciones y la timidez son protecciones que el niño intenta fabricar delante del mundo que encuentra y que quizá se le resiste.

Ya observamos un cambio de consciencia alrededor de los seis o siete años.

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