El arco de crecimiento 1

Cuando una persona llega a este mundo sale lanzada una flecha que describirá un arco en su desarrollo.

La flecha, como objeto, se deteriorará físicamente a lo largo de este recorrido debido al roce con el aire.

La persona, como la flecha, con el paso de los años también se irá deteriorando físicamente. Quizá habrá enfermado, habrá pasado hambre o sed, quizá habrá caído y sufrido roturas en los huesos.

Físicamente hacemos lo mismo, la flecha y nosotros.

Pero es menester tener en cuenta que el individuo además de su vehículo de manifestación en el mundo físico, está constituído por una parte interna a la que se le han dado denominaciones variadas en todas las culturas y tradiciones: personalidad, yo-consciencia, psique, alma, centro, consciencia superior, YO superior, guía interior etc.

Se ha escrito dos veces la palabra yo y no es un error. Hay un yo que tiene una consciencia y una personalidad y que a menudo se identifica como el que somos y es el que contemplamos en el espejo y otro Yo que siempre está escrito en letras mayúsculas y que representa nuestra esencia, nuestro Yo auténtico y que no se ve en el espejo, pero que curiosamente está observando

Dejadme insertar aquí una poesía de Juan Ramón Jimenez :

Yo no soy yo

soy el que marcha a mi lado

y a quien no veo.

Al que visito algunas veces

y olvido otras.

el que me perdona

cuando como golosinas

el que anda en la naturaleza

cuando yo estoy en el interior

el que permanece silencioso

cuando yo hablo

el que permanecerá

en pie

cuando yo muera.

El ser interior es aquello que somos en esencia y la personalidad o ego es la máscara que nos hemos construido para actuar delante de la sociedad y que nos permite sobrevivir.

El desarrollo de esta parte interior sigue el camino del desarrollo físico hasta un cierto punto. Una persona tendrá una edad física y una edad psicológica, que es lo que llamamos, madurez o sabiduría.

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