En las cartas del Colgado, La Muerte y La Templanza encontramos los arquetipos que aún pueden coaccionarnos. Pero, si se hacen bien las cosas, será en este punto de nuestro viaje que cambiaremos la dirección de nuestras energías.
En el Colgado, nos sentimos exactamente así, impotentes para seguir aceptando una vida distinta de cómo en un principio habíamos imaginado. La Muerte nos hablará de dejar, olvidar viejos hábitos, formas de pensar, amistades que en este momento de nuestro crecimiento no pueden acompañarnos. Por suerte, el arquetipo de La Templanza nos habla de ayuda, prestada o recibida, de paliar de alguna manera una incertidumbre, de quedarnos a la espera del momento oportuno. ¡ qué difícil para muchos de nosotros no intentar controlar la situación, acostumbrados como estamos a dirigir nuestras acciones para que sean eficaces¡
Pero es en este punto cuando las energías y las esperanzas del protagonista de nuestro viaje empiezan a fluir de nuevo en otra dirección, si se hacen bien las cosas, por supuesto. Hasta aquí el héroe ha estado comprometido en liberarse de las coacciones de los arquetipos que le afectaban personalmente en el mundo de los acontecimientos y formando un ego para que le sirviera de ayuda . El ego es como el huevo para el pollito, le limita, le protege, pero lo deja de lado cuando cree que ya no es suficiente, que ya no le aporta los alimentos que necesita. Ojalá supiéramos, como el pollito, dejar abandonado el ego. Pero para muchos, se convertirá en el amo y señor y sus deseos serán órdenes.
Ahora, nuestro héroe ha de estar preparado para dirigir sus energías de una manera más consciente hacia el mundo interior. No es que el ego deje de existir, simplemente ya no lo va a experimentar como la fuerza central que motiva sus actos.
Y es justamente en este momento que nuestro héroe se va a encontrar con un arquetipo inmenso, poderoso, listo, muy listo con una habilidad especial para hacer ver que no existe : el Diablo.

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