En la carta de Los Enamorados, el ego empieza a sacar la cabeza e intenta mantenerse en pie por si mismo. Lo conseguirá en la carta del Carro, arquetipo muy potente que trabaja en todos nosotros siempre que pensamos que con nuestras habilidades, fuerzas y voluntad conseguiremos aquello que nos proponemos. Siempre que aparece un joven rey en escena, tanto en los sueños como en los mitos, simboliza generalmente que un nuevo principio de conducta emerge. Pero es un rey sin experiencia y si lo hemos colocado al mando de nuestro destino, lo que queda del viaje no va a ser fácil.
Ya en la segunda línea de los arcanos mayores, la carta de La Fuerza ayudará al viajero con su arquetipo a domar su naturaleza animal. No siempre lo conseguirá y esa fuerza sin control todavía, nos jugará malas pasadas cuando aparezca sin nuestro permiso. Nos puede suceder delante de ciertas personas que, sin saber porque, tocan una tecla que nos hace salir de nuestra zona de confort..
El arquetipo del Ermitaño, el segundo maestro de sabiduría, nos acompaña cuando estamos en esas mesetas cuando nada sucede y nos aburrimos de la lentitud de los progresos, si es que se progresa.
Querríamos que sucediera alguna cosa, pero el Ermitaño nos indica que va a paso de anciano y además necesita ayuda. La linterna con la que se alumbra apenas le sirve para ver delante de él y además una sombra le sigue……cuánto trabajo con uno mismo¡
Así como el arquetipo de la mujer de la Fuerza puede ayudar al viajero, también encontrará ayuda en la mujer sedente de la carta de la Justicia. Pero ya no le gustará tanto, porque su mirada le interroga, le pone contra las cuerdas, le hace ser consciente de que si se encuentra en esa situación concreta, el único responsable es él mismo con sus decisiones anteriores.
Y ahí es cuando nuestro héroe empieza a preocuparse y a cuestionarse si la vida era simplemente venir a pasar el verano…

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