Un viaje arquetípico 4

Decíamos que la Papisa y La Emperatriz simbolizan dos arquetipos distintos de mujer. Así como la Papisa es pasiva, la Emperatriz es activa. La Papisa es estéril, la Emperatriz, fecunda. Una estudia y habla sobre el amor, la segunda lo practica, lo da, lo reparte en cada una de sus creaciones. La Emperatriz simboliza la madre nutricia y protectora y también aquel momento en que el arquetipo nos hace » quedarnos embarazados » de un proyecto que dará su fruto en un futuro próximo.

Si pasamos a la carta siguiente, el Emperador, ya todo es distinto porque hemos dejado atrás el mundo natural y nos adentramos en la civilización con sus normas y sus leyes para facilitar la convivencia. El arquetipo del Emperador traerá esta seguridad, esta confianza en que los hijos viven, seguros de que la figura paterna solucionará sus problemas.

Todos estos arquetipos que hemos estudiado hasta ahora, tienen su lado obscuro. El Mago es el charlatán, la Papisa, la entrometida que se mete en los asuntos de los demás, La Emperatriz, aquella madre super protectora que no deja volar a los hijos, que castra cualquier intento de tener vida propia por parte de sus retoños y el Emperador se vuelve dictador, impasible ante el sufrimiento de los demás.

El arquetipo siguiente es el del Papa, aquella idea de nuestro inconsciente que nos habla de la persona que nos puede ayudar, mas humanitario que el emperador, sobre todo mas cercano. Es el maestro sabio que puede ser representado de dos maneras, como sucede con la mujer de la Papisa y La Emperatriz. El Papa es el maestro que ha estudiado, que actúa dentro de un marco, sea colegio, sea universidad, sea un abogado, un banquero etc. El Ermitaño en cambio va por libre, no tiene discípulos y los que le siguen o lo imitan lo hacen porque les gusta su tipo de vida austera y aislada del mundo. Son dos arquetipos distintos que no dan lugar a confusión. Sobre todo porque el segundo aparece en momentos de la vida de cambio, de un darse cuenta de que hay algo que no funciona.

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