Dejando el arquetipo del Loco, nos adentramos en las siete primeras cartas de los arcanos mayores y con este paso salimos al encuentro de arquetipos muy familiares que nos manipulan constantemente.
El Mago es el arquetipo de la persona, normalmente joven o con espíritu joven, lleno de ideas y proyectos pero aún sin experiencia. Sabe vender muy bien el género, su locuacidad es admirable y encandila al público con sus razonamientos que parecen inspiradísimos. A su favor tiene que va de cara, no se podrá decir que se ha ocultado como hará el Diablo. Todos nos hemos sentido en algún momento llenos de este entusiasmo juvenil, de la vitalidad y la confianza que nos da el arquetipo.
En la primera hilera, nos acompañan tres arquetipos masculinos más, el del Emperador, el del Papa y el hombre que cree que maneja el Carro.
Pero seguiremos por orden, encontrando así al arquetipo femenino desdoblado en dos cartas : la Papisa y La Emperatriz.
Gran diferencia entre estos dos arquetipos, que se encuentran en todas las grandes obras literarias y en películas, siendo fácilmente identificables. Por un lado está la mujer discreta, normalmente culta y poco dada a llamar la atención, que ha dejado atrás la juventud, pero satisfecha consigo misma. Puede tener pareja, pero es feliz también sin ella. Es más, si tiene pareja, será un accidente, un detalle, porque esta mujer está tan a gusto con ella misma que se basta y se sobra. Puede ser una maestra, una científica, una terapeuta o una mujer que trabaja en una empresa desde hace años y es de toda confianza, la secretaria perfecta. También puede simbolizar en nuestro inconsciente la abuela o aquella mujer en la que depositamos nuestra confianza porque sabemos que sabe escuchar y sus consejos son adecuados.
Otro talante tiene el arquetipo de la Emperatriz.

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