La pareja siguiente será EL Papa, carta número 5 y La Torre, carta número 16.
Con el cinco se rompe la estabilidad del cuatro y la carta trae aire de renovación, de liberación, de nuevas enseñanzas. Quedará atrás el mundo pequeño, familiar y saldremos a recibir informaciones que nos abrirán nuevos horizontes. El Papa representa esta nueva autoridad que con sus consejos y sugerencias nos ayudará a encontrar y seguir el camino de nuestro aprendizaje en la escuela de la vida.
Con la Torre, saldremos de una cárcel ideológica, de un pensar monocorde en el que estamos cómodamente instalados. Pero precisamente porque estamos tan cómodos, nos es difícil romper la rutina. A veces será necesario que nos la rompan desde fuera y será mucho más trágico porque no lo esperamos. El Papa puede ser el encargado de darnos esta noticia que nos sorprende, pero también de ayudarnos a pasar el trance de ir aceptando el cambio.
La pareja Los Enamorados, carta 6 y el Diablo, entramos en un campo resbaladizo.
El Enamorado se da cuenta de que hasta ahora ha seguido los consejos de los demás y de alguna manera empieza a estar hastiado de esta intromisión. Le apetece seguir su voluntad, la sociedad le llama a unirse a grupos, a alguien que le atrae, es una carta de sociabilidad. Pero justamente el Diablo, la carta 15, es individual, es una carta de pasión, es caer en la tentación , es romper límites, es la rebelión tanto tiempo imaginada.
Son cartas complementarias, una despierta la consciencia y nos ilumina la oscuridad del inconsciente. El amor nos obliga a conocer los deseos pasionales, a identificar nuestras proyecciones. Y ahí es nada, porque en realidad lo que está anclado en nuestro inconsciente es nuestra creatividad profunda.

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