Los arcanos por parejas 7

Y llegamos ya a la bendita crisis del 9 y el 19, El Ermitaño y El Sol.

En la vida, en la escuela de la vida, son tan necesarias las crisis como el pan que comemos y el aire que respiramos. Son momentos de toma de consciencia, de un pararse y aislarse para cuestionarse donde está uno y si realmente es el sitio donde se quiere estar. Pero en el mundo actual, tan rápido, tan efímero, el mero hecho de bajarse de la bicicleta se considera un apartarse de la rueda que gira muchas veces sin sentido y nos convertimos en uno de esos animalillos que dan vueltas sin cesar y además encerrados en una jaula.

El Ermitaño simboliza la sabiduría, la soledad esencial y la confianza en lo desconocido. Se pone en camino con un pequeño farol, que es la iluminación que en este momento consigue, pero espera que con este movimiento llegará justamente al 19, al Sol, a una nueva construcción, a un lugar donde ya nunca más se sentirá en soledad porque habrá encontrado su lugar.

La diferencia reside entonces en que el Ermitaño busca aquello que dé sentido a su vida en solitario, individualmente. El Sol, al contrario, es pródigo con su luz , nadie queda alejado de ella, sobrepasa la individualidad.

Sin el Sol, el Ermitaño caerá en la profundidad de su soledad y en la avaricia espiritual, ya no transmitirá su enseñanza a nadie. Su farol solo alumbra a su ego. Se asustará de la sombra que le persigue, se asustará de si mismo y no captará que su búsqueda ha de empezar justamente por esa sombra, por esos lugares, rincones ocultos o escondidos donde ha guardado, como tesoros, aquello que ha de trabajar y hacer salir a la luz.

Sin el Ermitaño, el Sol pierde la capacidad directiva que aporta la individualidad, se pierde en una masa de principios difusos. Se dedicará a deslumbrar a quien se le acerca, sin profundizar en ayudar a encontrar el camino.

En El Ermitaño todo es experiencia y en el Sol todo es renovación.

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