Dejemos atrás la crisis que simbolizan el 5 y adentrémonos en el 6 y el 16.
Nuestra consciencia va creciendo y ya no nos sirven los consejos o sugerencias de los mayores y maestros. Ahora queremos decidir por nosotros mismos, hacer aquello que nos llena más, que nos hace vibrar y sentirnos vivos, aquello que más nos gusta.
En la carta de Los Enamorados, descubrimos al otro, descubrimos la belleza y el placer. Descubrimos el amor. Nos sentimos ya capaces de tomar nuestras propias decisiones y nos enfrentamos a este reto. La consciencia solo crece cuando se han de tomar decisiones. Si siempre se vive a la sombra de los que mandan, quizás es más cómodo, pero también más aburrido. Claro que se tiene el consuelo de que la culpa nunca será tuya, porque como la decisión es del otro…..
En la carta 16, La Torre, en realidad se celebra una fiesta. Se celebra que se ha salido de una cárcel, de un encorsetamiento de ideas, porque la cárcel es de las ideas. Siempre has pensado que el negro era negro y el blanco, blanco y no te has parado a pensar que quizá es más bien gris o verde o amarillo porque has colocado una corona sobre tu cabeza y has bloqueado cualquier entrada de aire nuevo, de luz clara y vivificante. Es el momento de salir de esta prisión ideológica en la que estas encerrado, saltar y empezar una nueva aventura, pero ya con la mente abierta.
El peligro del 6 : repetir hasta el infinito, establecer sistemas, volverse narcisista y no progresar, separarse del mundo. Recordad los primeros momentos de un enamoramiento, que el mundo restante desaparece.
Pero crecemos y con el crecimiento nos llega el movimiento del 7.
La carta del Carro y de La Estrella.
La acción en el mundo pero….. que diferencia entre la primera y la segunda. En la primera, nuestro ego recién descubierto se cree el rey de la Creación, nadie y nada le detiene y se pone en movimiento para sacar un provecho de este mundo que tiene ahora a su alcance, sin pararse a pensar en las consecuencias de sus decisiones. La carta simboliza el movimiento, el éxito y el triunfo pero algunas veces atropellando a los demás.
En la Estrella, nuestra consciencia ya ha aprendido que todas las decisiones conllevan consecuencias, que no siempre es verano y que la velocidad y el movimiento no siempre indican éxito. La Estrella ha encontrado su sitio y desde este lugar quiere con su acción embellecer el mundo, dejarlo mejor que antes. Ahí radica la sutil diferencia entre el 7 y el 17: el hombre Carro quiere comerse el mundo y la mujer Estrella, alimentarlo y nutrirlo.
El peligro del 7 es que su inmensa energía se vuelva destructiva

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