Las cuatro funciones 18

El nueve anuncia un cambio que llevará al final de un ciclo. Es la carta del Ermitaño que se pone en camino para encontrar aquello que de sentido a su vida. Todos, en algún momento de nuestra vida hemos sido ermitaños, nos hemos parado a pensar en el momento que estábamos viviendo. A veces hemos sabido encontrar aquello que buscábamos, otras no. Quizá no lo hemos intentando sinceramente o no nos hemos atrevido a seguir adelante o el momento no era el adecuado.

En el nueve de Espadas, el momento es muy duro. Mentalmente nos vemos inmersos en la oscuridad, sin salida posible, las noches son eternas con pesadillas, remordimientos y desesperación. Pero si nos fijamos en la carta comprobamos que las nueve espadas están en la pared, ni nos atraviesan, ni siquiera nos pinchan. Esto indica que todo es mental, que el problema está en nuestro inconsciente y que un cambio de actitud puede ayudar a que el problema adquiera las dimensiones que en un principio tenía, no mucho más grande o insalvable.

En el nueve de Bastones, sabemos que hemos de hacer algún movimiento, tomar una decisión, pero seguramente no lo haremos de una forma objetiva sino recordando antiguos agravios o con resentimientos y sintiéndonos amenazados. En otro momento se nos ha herido y esto es lo que prevalece, la terquedad a cambiar nuestra forma de pensar.

En el nueve de Copas, a diferencia de los otros nueves, la satisfacción por lo conseguido hasta ahora nos empuja a relajarnos, a disfrutar del momento. Quizá la amenaza sea que nos tomemos la vida con frivolidad, bien asentados en el sofá y allá cada cual con sus problemas.

Es una carta difícil de interpretar, sobre todo por el consultante que sólo intuye la parte fácil, pero sin caer en la cuenta de que es un nueve, que indica un cambio, una crisis en el buen sentido de la palabra.

Es la misma sensación que se puede tener en el nueve de Oros, por un lado satisfacción por lo conseguido ( las nueve monedas) pero por otro lado pensar en lo que hemos sacrificado para conseguirlo. Es una carta de concienciarnos del momento y a partir de ahora actuar quizá de forma distinta, sencillamente porque es un nueve.

Muchas veces suele ocurrir que nos fijemos en el dibujo, sin prestar atención a la numeración. Esto no puede pasar en el Tarot de Marsella, donde cada carta muestra dos espadas o tres bastones o cinco copas etc. Pero si uso el Tarot Rider en las clases es justamente porque es muy difícil que el alumno al comienzo piense en la numeración y un dibujo siempre ayuda más a hacer consciente el símbolo. En los arcanos mayores sucede con la carta del Carro, dónde el consultante sólo ve la parte de movimiento, sin fijarse que en un siete, que está muy verde, muy inmaduro e impulsivo.

y ya vamos finalizando con la llegada de los dieces, que indican un fin del ciclo.

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