Las cuatro funciones 7

No existen en realidad tipos puros ni en la actitud ni en la función. Una persona es de alguna manera un extravertido y más o menos un pensador, intuitivo hasta cierto grado, molestamente insensible etc. La tipología no es ni blanca ni negra ni definitiva. Sin embargo, en términos generales, si la función principal de un individuo es extravertida, su función inferior será introvertida. Las dos funciones asistentes serán así más o menos extravertidas y/o introvertidas dependiendo de hasta qué punto han sido hechas conscientes por las circunstancias.

Las actitudes de introversión y extraversión están fijadas por la naturaleza mucho más rígidamente que las cuatro funciones, ya que estas pueden ser incorporadas a la consciencia con mayor facilidad. Si una persona es básicamente introvertido, puede fingir una actitud de extravertido, a pesar de que la depresión le acompañará inevitablemente por esa falta de expresarse a sí mismo.

Los niños parecen tener una mayor extraversión en el período escolar y más tarde al establecer una familia es cuando aparecen las demandas de crecimiento, cuando se empieza a ir en busca de la autenticidad. Quienes nacen extravertidos lo tienen más fácil en la infancia, aunque más difícil en los últimos años, cuando las energías manifiestan su impulso de volverse hacia dentro. Para los introvertidos, los años de la primera infancia constituyen por lo general una experiencia muy ardua.

Los extravertidos se regeneran y recrean a sí mismos lanzándose a divertidas aventuras y actividades exteriores, son aquellas personas a las que la casa se les cae encima, mientras que los introvertidos lo hacen mejor ahondando en sus exploraciones interiores favoritas y en sus ensoñaciones.

Nuestra función inferior es nuestra mancha ciega. Si contemplamos los acontecimientos de nuestras vidas, reconocemos que nuestra función inferior es siempre una espina de nuestra parte psíquica. Pero hemos de entender que esta espina puede funcionar perfectamente en la mente de otra persona.

Con el paso de los años, si las circunstancias son las adecuadas, uno mismo puede observar sus funciones manifestándose en el recorrido cotidiano. Muchas veces habremos transigido o al menos llegado a un pacto con nuestra función principal para que deje paso a las funciones laterales o incluso a la inferior. En nuestra sombra la encontraremos agazapada, reclamando su parte y a veces incluso manifestándose en momentos muy inconvenientes porque sencillamente también forma parte de nosotros.

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