Las cuatro funciones 4

El problema radica en que cada persona cree que su particular función principal es la mejor manera de introducirse en la vida. Sucede porque se desconfía de la propia función inferior como un modo de actuar, ya que normalmente funciona mal. Como consecuencia menosprecia su imperfecta función inferior tanto como a quienes la tienen como función dominante. Uno ve a su propia función inferior como una entidad bloqueadora y obstaculizante. Un pensador considera a los más sensibles como seres inferiores y poco racionales. Los sensitivos, que se mueven por sensaciones de los sentidos y son prácticos desconfían de los pensadores y además piensan que los intuitivos son dudosos y no realistas, mientras que los intuitivos ven a los sensitivos como aburridos y sin imaginación.

Pero la vida se complica aún más cuando los opuestos además de repelerse mutuamente también se atraen. Esto explica porque los sensibles se casan con pensadores y los intuitivos con sensitivos. Parece como si en la vida cada uno necesitase el opuesto como complemento. De hecho, se dice que las parejas más exitosas y longevas son aquellas en las que se da una complementariedad. Los opuestos se necesitan porque cada uno proporciona una pieza del cuadro que el otro justamente no ve, no evalúa o sencillamente no entiende a fondo.

En Asia se cuenta la historia de un grupo de hombres ciegos que rodean a un elefante: uno de ellos, después de tocar la trompa del elefante, asegura que aquello se asemeja a una serpiente. Otro, al palpar la cola, afirma que es como una cuerda. Un tercero, al inspeccionar la oreja, asegura que un elefante es como un tambor. Lo que deben hacer ahora los ciegos es comunicarse unos a otros para tener así una imagen total.

Sea lo que sea a lo que nos resistamos, persistirá de cualquier modo, psicológicamente hablando, recibiendo la fuerza justamente de nuestra resistencia. Aquello a lo que te resistes, persiste. Si un sensitivo resiste toda intuición, será acosado por todo tipo de presentimientos que inundarán la consciencia.

Si los intuitivos se oponen a los datos de los sentidos, sus cuerpos experimentarán un cúmulo de sensaciones y síntomas hipocondríacos. El pensador que se niega a sentir, dirá cosas inapropiadas o actuará sin diplomacia. Los sensibles que se niegan a pensar, serán asediados por análisis erróneos y falsas conclusiones.

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