El taller de la sombra 9

En la casa hay un cuarto de baño.

experimentar una emoción negativa es como tener una bañera que desagua mal y además un grifo que gotea continuamente, es decir, tenemos problemas de fontanería y de repente nos percatamos de que la bañera está a punto de desbordarse por los dos problemas antes citados.

Hay tres tipos de reacciones :

  1. Negamos la evidencia. Todo va de maravilla ; pero mantener esta postura requiere mucha energía y llegará un momento que la presión del agua hará reventar la puerta del cuarto de baño : una enfermedad física o nerviosa.
  2. Reconocemos el problema de fontanería, pero no pensamos o no queremos hacer alguna cosa para solucionarlo, lamentándonos que la vida es así y al menos estamos vivos. Esta es una postura muy generalizada, porque se da el caso que el problema de fontanería es una cosa nuestra que podemos explicar, es decir, nos da una identidad. Somos nosotros y nuestro problema, por descontado superior a los demás problemas de las otras personas.
  3. Reconocemos nuestro problema con la bañera y no nos declaramos impotentes, actuamos: desatascamos tuberías ( desbloqueo energético) , ponemos nuevos tubos y cambiamos el grifo ( cambiamos nuestra forma de pensar) .

En la casa hay un instrumento de música, por ejemplo un piano. Si el dueño decide tocar el piano debe estar en buena forma física, no mareado o débil porque lo que el instrumento produce no depende solo del estado en que se encuentra el piano, sino también del intérprete. Si el músico está deprimido o alborozado, el instrumento le seguirá. Por afinado y resplandeciente que esté un instrumento, el sólo no se va a deprimir o alborozar.

Si es el instrumento el que no está en buen estado, sonará desafinado y no se le ocurrirá al dueño tirar el piano por la ventana sino que buscará un técnico, un afinador, para que ajuste las cuerdas.

No se adquiere maestría sin la práctica. Lo hace el músico, lo hace el alpinista, lo hace el profesor, lo hace un marino. La técnica no basta. La técnica se aplica a la máquina, al instrumento, pero una vez dominado el instrumento, el músico está en perfectas condiciones para recibir la inspiración. Los aspectos superiores del ser no se originan en la máquina, proceden del maestro que vive en el corazón pero que no puede manifestarse mientras no dominemos el instrumento.

Supongamos que al dueño de la casa se le ocurre aprender a bucear. Las primeras veces estará tan pendiente de los tubos, el oxígeno, los movimientos , el tiempo etc que no disfrutará de las experiencias. No será hasta que ya lleve bastantes inmersiones cuando empezará a sentirse ligero, suelto y se maravillará de todo lo que está a su alrededor.

Si decide trabajar un trozo de mármol para hacer una estatua, al principio solo hará estropicios, pero no por eso se sentirá avergonzado por sus errores y no pensará en ocultarla o pensar que ya está terminada. Es lo que sucede con la personalidad, que se ha de trabajar, pulir hasta que quede a nuestro gusto.

Nos metemos en la cocina para hacer un pastel. Empezamos por preparar la masa, que aún no es comestible, pero que es perfecta como masa. Cuando entra en el horno está más presentable, pero tampoco nos la podemos comer. A medio cocer, ya va teniendo mejor presencia, pero sigue pareciendo poco apetecible. No será hasta que esté en su punto de cocción que se ajustará a lo que habíamos pretendido hacer.

Pero lo importante es que en CADA MOMENTO estaba perfecta para aquel momento y lo mismo para el ser humano.

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