Cuando sentimos emociones negativas, es como si el cochero intentara imponerse al caballo confiando únicamente en sus propias fuerzas; intentará reprimir con el látigo y si no lo consigue, caerá al suelo y el caballo hará con el carruaje lo que se le antoje. En el momento en que una emoción negativa emerge, nuestro cochero intentará arreglárselas solo. Necesitamos un cochero abierto y bien entrenado para conducir al caballo de una manera sensata y correcta. Durante mucho tiempo no lo ha hecho bien, pero NO lo hemos de quitar de en medio.
No es posible una evolución mecánica. Aunque desmontemos una radio no veremos de donde viene la música. La radio solo puede ser explicada en función de lo inaudible, invisible, intangible : las ondas inalámbricas que se vuelven inteligibles por vía de una máquina que transforma lo que nuestros limitados sentidos no pueden captar.
Para comulgar con lo «divino» debes estar conectado a esta frecuencia.
La evolución del hombre es la evolución de su consciencia, de su voluntad y de la facultad de hacer. Ni la consciencia, ni la voluntad, ni la facultad de hacer son resultado de cosas que suceden. No podemos despedir al cochero con el pretexto de que no realiza la tarea que tiene encomendada. Lo que hay que hacer es entrenarlo para que la realice con elegancia, flexibilidad y desenvoltura.
El proceso de reestructuración de la mente requiere mucho más que buena voluntad para poner en orden los pensamientos. La voluntad y la comprensión no cambian el contenido del ordenador. la voluntad consciente sirve para reconocer que tenemos un ordenador y es ella la que decide buscar los medios para abrirlo y reprogramarlo conscientemente con unos programas más inteligentes, de mayor rendimiento y que estén alineados con la voluntad del amo.
Imaginemos una escena :
El cochero está sentado en una taberna y despilfarrando dinero en bebidas. Está dormido en ilusiones, placeres, odios y fantasías. Todas sus energías se gastan sin freno alguno. Olvida que fue creado como cochero y que tiene un carruaje y un caballo que le esperan fuera de la taberna. El cochero debe despertar e ir a la ventana y mirar afuera, a la visión exterior. Esto puede llevarle mucho tiempo, incluso años, y esfuerzos para dejar la taberna y echarse a andar, pensar y actuar fuera de ella.
Dos niveles : el de la taberna o inferior y el afuera o superior. El cochero ha de trasladarse de uno al otro, pero para que esto pase ha de resultarle desagradable estar en la taberna. Por encima del nivel más superior hay otro plano, que cuando está presenta, aparece el dueño.
Hasta aquí con la primera comparación, que nos ha dado mucho de sí.

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