El hombre CARRO se ve entorpecido por una mujer JUSTICIA que sale a su encuentro y sin mediar palabra se sube al vehículo, amonestándole a continuación por no llevar sujetos adecuadamente a los animales que tiran de él y por ser tan inconsciente de ponerse en camino sin antes haber calibrado pros y contras de la experiencia. El hombre se siente apabullado, pero a la vez cree que sería un reto conquistarla, algún punto débil debe tener, quizá la vanidad y por ahí podría intentar el asedio, claro que quizá sería como intentar conquistar a su madre, tal es la sensación que le viene a la cabeza.
Y en este momento del baile se vuelve a oír la voz que organiza los cambios de pareja. Pero esta vez ya no les coge por sorpresa y se da el caso de que los que antes se molestaban con el cambio, ahora le encuentran placer por la novedad que aporta y al contrario sucede con aquellos que de buen principio aceptaban gustosamente y con ganas el cambio de pareja, ahora casi preferirían seguir con la misma.
El ERMITAÑO se hace amigo del león que acompaña a la mujer FUERZA y casi sin darse cuenta se encuentran bailando los tres muy amigablemente y a medida que la conversación va entrando en profundidad, cada uno puede hacer su papel, uno aconsejando con su larga experiencia y sabiduría y ella siendo toda oídos a las sugerencias del hombre que podría ser un abuelo cariñoso y con ganas de ayudar.
LA EMPERATRIZ puede finalmente bailar con este guapo mozo, el MAGO, que se cree tan listo y que tiene un pico de oro y que con su magia intenta convencerle de muchas cosas que ella guardará en su inconsciente, porque realmente son ideas muy valiosas, pero que requieren tiempo para ser realizadas y sobre todo alguien, como su marido el Emperador, que pague los gastos. El Mago se siente atraído por esta mujer tan llamativa, por la actividad que despliega, el entusiasmo con el que escucha, la capacidad para intuir cómo pueden desarrollarse los proyectos que él solo ha presentado como ideas.
LA PAPISA, cae en los brazos del EMPERADOR, que transmite serenidad, seguridad, fuerza y autoridad. Parece que a él no le disgusta esta mujer que acepta todo lo que él va sugiriendo, sobre todo porque ella es muy indecisa y ya le va bien que otro decida por ella. Por otro lado, piensa el hombre, no se fía de esas mosquitas muertas que parecen un lago en calma, pero que bajo sus aguas esconden tormentas procelosas. Durante el baile, a él le va muy bien esta chica modosita, pero en el día a día le gustan más activas, como su pareja natural la Emperatriz.

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