El ERMITAÑO ha cambiado la Justicia por una mujer muy misteriosa, LA LUNA, que se ha abandonado en los brazos del anciano, perdida en su mundo de fantasía e imaginación. Los dos bailan al unísono al compás de sus pensamientos profundos y no les hace falta la conversación. Saben que comparten mundos que es mejor dejar en la obscuridad.
Con el cambio, al MAGO no le queda otro remedio que sacar a bailar a la JUSTICIA, una mujer que de entrada no le atrae por su rigidez y por su mirada altiva, pero quizá tendrá ocasión de exponerle sus ideas y oír sus consejos y advertencias que seguro no faltarán. Sorprendentemente la mujer baila muy bien y con una sonrisa permanente en sus labios, como si supiera que está en el lugar adecuado y en el momento preciso.
Y de repente, otra vez se invita a las parejas a cambiar y a algunos les parece una molestia porque los cambios no van con ellos, mientras que otros se lanzan gustosos a disfrutar con una nueva amistad.
El PAPA se ha encontrado con la chica FUERZA, que parecía muy decidida a no perder la ocasión de bailar con él. Pero la conversación es básicamente un monólogo porque el maestro le explica en qué consisten sus enseñanzas, el temario de los distintos cursos y no se da cuenta que entre sus brazos no tiene un discípulo sino una mujer muy valiente y decidida que ya ha perdido todo interés y tiene la cabeza en otro sitio. Cuando él reacciona, habrá perdido una buena ocasión de abrir un poco su mente.
A LA EMPERATRIZ, muy resolutiva, le ha faltado tiempo para subirse al CARRO del joven que ya se había cansado de la pasividad de la Papisa. Están encantados de haberse conocido porque juntos pueden dedicarse a correr el ancho mundo que tienen a su disposición. Ella, con más intuición y sabiduría práctica, irá aconsejando al conductor, al que ya le va bien tener a su lado a una mujer tan esplendorosa y vital que de algún modo le recuerda a su madre.
EL SOL ha cambiado la Estrella por una mujer más sencilla, menos espectacular que estaba indecisa en medio del salón sin decidir si buscar una nueva pareja o sentarse a descansar. Y el astro rey corre presuroso a invitar a LA PAPISA a salir de este momento de indecisión. Ella ha quedado deslumbrada por su luz y no puede apartar los ojos de su rostro radiante y los dos felices en sus mundos de luces y sombras siguen el baile satisfechos, como siempre que una mujer baila con el sol, que pierde los papeles.

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