Vamos a bailar 2

Algunas parejas son naturales, como el Emperador y la Emperatriz, el Papa y la Papisa, el Sol y la Luna. Otras dos son predecibles, como el Mago y la Fuerza o el Carro y la Estrella. Pero el Ermitaño y la Justicia se quedarían sentados, porque bailar no es lo suyo y quizá solo por amor saldrían a la pista. La mujer Justicia es muy exigente, muy mandona y antes de decidirse analiza pros y contras, con quien y cuando.

Vamos a estudiar en primer lugar las parejas naturales, recordando que esto es básicamente un estudio de los arquetipos.

El EMPERADOR bailará con la EMPERATRIZ como si fuese lo más natural, él manda y ella le sigue. Él está pendiente de los pasos y no se distrae con la música si no es para seguir el ritmo. Ella, como no, le seguirá gustosamente en apariencia, pero quizá con la cabeza en otro lado o en otros brazos. Da gusto verlos tan sincronizados haciendo su papel. Si hablan es de intereses comunes, como la familia o donde pasar las vacaciones. Seguramente él llevará la voz cantante y ella irá asintiendo porque es lo más fácil con el Emperador que tiene por pareja, pero después ya se verá.

El PAPA y LA PAPISA, mantienen las distancias no sea que en un arrebato de pasión pierdan los papeles, y eso nunca puede suceder. Bailan bien porque antes de lanzarse a hacerlo espontáneamente y sin práctica han ido a una academia a aprender los pasos. Seguramente no hablan entre ellos porque no están habituados a tratar temas mundanos y no es lugar para temas serios. Se les ve encorsetados, haciendo el papel que la sociedad les ha asignado, pero mañana tendrán agujetas por la tensión y es esfuerzo.

La tercera pareja natural, SOL y LUNA, saben que son la atracción del baile. Todos se fijan en ellos, él por deslumbrante y ella por femenina y misteriosa, deslizándose fluidamente como si siempre lo hubieran hecho. Ella solo tiene ojos para su pareja y él muy pendiente del efecto que produce sobre los demás. Si hablan será lo justo para indicarle cuando ella debe desparecer para que él brille en todo su esplendor.

Deja un comentario