No es oro todo lo que reluce 9

Con la carta de LA MUERTE, el consultante ha de superar el miedo a desaparecer y a continuación, cuando ya se cree salvado, asumir que hay partes o circunstancias de su vida que realmente deben desaparecer e iluminar con potentes focos la idea de que si no se trabaja esta muerte no hay renacimiento. Uno no puede quedarse en el momento de morir y ya está. Uno ha de resucitar, sino la muerte no habrá servido para nada.

El peligro está en no dar este paso, en seguir siendo muertos vivientes.

Afortunadamente la TEMPLANZA, templa los ánimos. Hemos llegado a este remanso de paz y nuestro cuerpo, nuestro espíritu y nuestra alma pueden recuperarse de tantas emociones en esta segunda hilera. Es el momento de no hacer nada, de equilibrarse. Pero la expresión, no hacer nada no quiere decir que los demás deban hacerlo por nosotros. Quiere decir no hacer nada como hacíamos hasta ahora, esperando un éxito, un resultado, es decir con expectativas. No hacer nada que uno quiera controlar ¡ difícil , muy difícil ¡

Es una carta de ayudar en los momentos penosos, inciertos, pero también se ha de saber ayudar y no entrometernos demasiado porque a veces con la mejor intención no se deja que cada uno haga lo que el destino le tiene reservado y ha de aprender.

El peligro de la Templanza es su estabilidad, quedarse para siempre templado, esperando el momento oportuno, que mucho me temo no acabará de llegar nunca.

Es a partir de este momento, cuando el trabajo con uno mismo empieza a subir de grado. Hasta ahora han sido los preliminares, pero si el crecimiento es el apropiado, ya nada será como antes y nos veremos empujados por una fuerza desconocida a seguir adelante.

Hemos llegado a la tercera hilera de los arcanos mayores y hemos de pasar de la teoría a la práctica.

La carta del DIABLO nos coloca delante mismo de nuestra parte oscura, pero si hasta ahora os hablaba de que no era oro todo lo que relucía, con esta carta, ya de por sí poco benévola, exigente y difícil, he de hablar de su lado luminoso, pura pasión, creatividad, gozar de la vida en todos los sentidos, ganancias materiales, vivir al día sin pensar en el mañana. En fin, lo que cada uno imagine como el paraíso.

Pero la verdad es que cuando sale la carta en una lectura, lo normal es que al consultante le cambie la cara y ya se vea implicado en líos y complicaciones.

El peligro de la carta es hacer ver que el Diablo no existe, que en realidad si quisiéramos nos podríamos sacar las cadenas que nos rodean el cuello y que además estamos muy contentos y satisfechos con las dependencias y nuestros miedos.

Vamos a tomar aire para la carta siguiente.

Deja un comentario