Tras la primera sorpresa al escuchar como en pocas palabras describo su situación actual, aparece la urgencia para el remedio, en esta época de la inmediatez.
El consultante piensa que, si de una manera aparentemente tan sencilla yo he accedido a las causas de su malestar, de la misma manera podré ayudarle a salir de este momento tan difícil.
Y aquí reside otro error : pensar que la solución está FUERA de él mismo.
No se cae en la cuenta de que si uno se ha metido en un berenjenal, solo podrá salir de él si busca el camino para alejarse del mismo; aunque otros le aconsejen o sugieran formas de hacerlo, es únicamente EL o ELLA quien debe llevar a cabo la acción, ya sea física o mental.
Cuando hago una lectura procuro que el consultante intuya conmigo el simbolismo de las cartas, tarea no exenta de dificultad porque se tiende a interpretar las cartas desde una vertiente benéfica y bondadosa que lógicamente se piensa ha de ayudarle. No se tiene en cuenta que las cartas hablan sin concesiones al halago, sin contemplaciones y sin sentimentalismos, para que uno mismo descubra qué camino equivocado le ha llevado hasta el momento actual y de esta manera abra los ojos a las imperfecciones o tendencias erróneas. Y esto no siempre es bien recibido, porque ya sabemos que en general somos autocomplacientes, nos perdonamos muchas veces, nos justificamos, no queremos reconocer aquello que en el Evangelio llaman » ver la paja en el ojo ajeno y no ver la viga en el propio».
Y este aspecto menos bondadoso de las cartas es lo que voy a describir.

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